“No fue olvido: sólo dejé de mirarte.”
— Elvira Sastre
“No fue olvido: sólo dejé de mirarte.”
— Elvira Sastre
La música es un modo de enraizarse al pasado, de vivir en él. Es un medio de rememoración, una voluntad de lo que no debe desaparecer. Está en la memoria. Creo que lo mejor del ser humano está en la música, no necesariamente en quien la compone o toca, sino también, y, sobre todo, en quien la escucha. El oído es el órgano de la revelación. Escuchar es asumir el pasado, aceptar que toda voz proviene de lo más lejano que hay en nosotros, que somos continuos exiliados.
– Ramón Andrés.
Vamos a tomar una cerveza y a mirar Facebook y escribir poesía sobre llamas y hacer videos de nosotros borrachos caminando a través de una tormenta de nieve de noche en un condominio en Massachussets. Vamos a ducharnos por separado y a encontrarnos en la cama. Vas a apagar la luz y me sentaré en la cama y un auto va a pasar por la calle y sus luces delanteras van a iluminar a través de la ventana brevemente tu ceja izquierda y tu cara entera mientras te acercas.
Al día siguiente vas a trabajar en una novela sobre una mujer solitaria en Nueva York. Yo trabajaré en una novela sobre estrellas de cine deprimidas que no leen libros ni miran blogs ni tienen mascotas. Vamos a encontrarnos en el living a las 3:30 p.m. y a comer sandía cerca de la ventana y mirar a los niños que vuelven a casa desde la escuela. Vamos a escribir poesía sobre planetarios y sobre recreos en el patio y a tomar café helado y a tirarnos en la alfombra escuchando música de guitarras acústicas hecha por mujeres tristes casi treintañeras.
Vamos a manejar a través del estacionamiento de un Wal-Mart hasta un restaurante japonés nuevo que estará muy oscuro y nos vamos a sentar juntos en nuestra reserva en una esquina y a tomarnos de las manos bajo la mesa. Vamos a comer edamame y a tomar té verde. Vamos a quedarnos más de dos horas y nuestra camarera va a mirarnos a la distancia y vamos a susurrarnos frases ilógicas y a sentir con expresiones faciales serias y a abrazarnos y mirar el resto del restaurante con ojos anchos y calmos y agudos mientras pensamos sobre el futuro y la muerte y el día siguiente y el aburrimiento.
Después de la cena vamos a manejar por ahí escuchando música emotiva de guitarras a mediados de los 90’ y vas a apoyar tu cabeza en mi hombro y voy a acariciarte el pelo y a pensar en llorar y vas a mirar el velocímetro y a pensar en tu infancia. A las 2:30 a.m. vamos a caminar a través de la verdulería de un almacén abierto las 24 horas y va a estar muy brillante y voy a decir que me siento loco y borracho y vas a tomar un muffin y a preguntarme cuántas calorías creo que tiene y voy a decir 860 y vas a decir 1.120 y voy a cachetear tu mano y cuando estés distraída voy a besarte la boca y después voy a retroceder y a mirarte la cara. Vas a preguntarme qué miro y voy a decir tu nombre y sonreír y a tomarte de la mano y vamos a caminar sin hablarnos a través de cada estantería del almacén. En el estacionamiento vas a soltarme la mano y a correr hasta el auto y vas a quedarte mirándome mientras camino hacia ti con una expresión facial neutra.
En la cama, a las 5:30 a.m., vamos a hablar sobre jardinería orgánica y niños y el futuro y Japón y sobre Islandia y canciones con música feliz y letras tristes. Cuando la luz del amanecer empiece a iluminar la habitación vas a girar y a decir que tienes sueño. Voy a acariciar tu hombro y a posar un poco mi mano en tu estómago. Voy a preguntarme si estás dormida y a pensar sobre un amigo de la escuela con quien jugaba al Zelda en el Nintendo y en qué orden de canciones querría si grabase un EP de 5 canciones tristes con guitarra acústica y un set de baterías tenues y un violín que sonase como si estuviera siendo tocado en otra habitación.
“Nadie sabe por qué estamos aquí” - Tao Lin
Señor C, le mando un cordial saludo, de esos que me enseñó a regalarle a la gente, de esos cálidos que me regalabas en las mañanas cuando venías a verme antes de entrar a clases.
Ahora lo pienso y que lindo fue… Te levantabas temprano con tal de llegar rápido a mi casa y así dormir al menos dos horas conmigo. En el cuartito amarillo con un baño de mi tamaño, ese lugar tan frío que a veces las cobijas se sentían como hielos pero cada que tu llegabas se sentía primavera.
Quiero contarte algo, aunque ya han pasado años de la última vez que te vi de cerca y conversamos sobre las cosas que le hacía a mi cabello, el tema es sobre el. Aún tiene el mismo largo, tiene un color diferente y también su textura ha cambiado. Ya no lo he rapado y probablemente en mucho tiempo no lo haga de nuevo porque ahora solo quiero verlo crecer. Y la verdad es que no se ha vuelto a poner tan lindo como cuando estaba contigo, no ha recuperado esos chinos ni el brillo en las puntas. Me acuerdo bien los tratamientos que usaba en ese entonces y ahora muchos ya no los he vuelto a encontrar. Algunos cuando los veo en el súper los recuerdo en mi baño, nos veo perfecto en la ducha. Como tu solo te lavabas con el mismo jabón y yo tenía la mitad de la regadera con tratamientos.
Ahora mi cabello luce bien pero no ha vuelto a estar en su mejor punto como cuando estaba contigo por lo que se confirma tu teoría que después hice mía. La teoría de que mi cabello es un jardín con flores que crecen en mi cabeza, las flores que se sabían tan queridas por ti y tu forma tan bella de estar a mi lado que no paraban de florecer de la mejor manera. Quiero que se entienda pues, que nos quisimos tanto y tan bonito que hasta mi cabello crecía de lo feliz que me sentía.
Muchos días deseo ya no pensarte, no entiendo porque sigues tan presente, te escribo algunas noches como hoy las cosas que me vienen a la cabeza cuando te pienso, cuando me veo a mi y encuentro algunos pedacitos de ti.
Me vi al espejo y me di cuenta que el miedo me ha quitado mucho, mi miedo a quererte tanto se volvió tortura y me hizo alejarte, el miedo me ha quitado tantas oportunidades, tantas personas…
No me arrepiento de nada, estaba pasando por mucho. Todo eso que sólo tú sabes porque estuviste ahí hasta donde podías. Hasta donde se convertía en carga. Creo nunca te di las gracias. Ese jardín ya no existe, ni ese cuarto, ni nada de nada. Pero que bonito fue que por ti me atreví. Tú fuiste la primer persona con la que dormí, acobijada contigo a mi lado dejé de sentirme sola en esa cama y en esa casa y en esa tonta escuela.
Creo que ya no me importa si piensas en mi, sí me extrañas o que es lo que crees que soy. Sólo me quedo con lo que tuvimos, con estos pensamientos que me vienen de pronto, que son formas de agradecimiento, que son mi manera de no olvidarte por que aunque lo intente sé que no podré.
B.